Economía y Negocios
El negocio vintage es cada vez más sofisticado, pero poco se sabe del proceso que experimentan los cerca de 11 millones de kilos de ropa que se importan en Chile cada año, antes de salir a la venta en tiendas.
Una alta demanda de prendas con tallas XL y una especial debilidad por la ropa de marca.Ésos son algunos de los secretos que descubrió "El Mercurio", al investigar la ruta que sigue la ropa usada desde su lugar de origen, en Estados Unidos, hasta que llega al consumidor final que busca "joyitas" baratas y exclusivas para su clóset en ferias libres, tiendas y boutiques premium .
Porque el mercado nacional importa cerca de 500 containers cada año, con un costo cercano a los US$ 12,5 millones, monto que puede triplicarse tras las ventas.
Esto equivale a unos 11 millones de kilos de ropa, provenientes principalmente del país del norte, ya que los chilenos prefieren abastecerse en el americano.
"Lo que pasa es que la ropa europea es más formal", cuenta Erica Riquelme, dueña de la importadora Aler.
En Chile, las cadenas del rubro son Orange Blue, Meicys y Nostalgic, las que iniciaron a principios de la década una ofensiva para especializar cada vez más el mercado, con el objetivo de agregarle valor a la ropa por medio de la selección.
La idea es entregar prendas de buena calidad, en óptimo estado y que se acomoden a las necesidades y el gusto del público, sin que éste tenga que zambullirse para buscarlas en un cajón.
Por eso, las importadoras nacionales Fardo, de Comercial Meicys, y Aler, de Erica Riquelme, viajan directamente a Estados Unidos para elaborar sus órdenes de compra en función de las necesidades, los gustos y las tallas que tienen los chilenos.
Ropa como nueva
La sociedad estadounidense se caracteriza por sus altos niveles de consumo y el ítem vestuario no es la excepción. Las organizaciones sociales reciben donaciones de ropa y la mejor la comercializan en sus propias tiendas.
Pero tal es el volumen que obtienen, que el excedente lo destinan a la exportación. Eso sí, antes de salir del país, la mercancía debe pasar por un estricto proceso de sanitización, que corre por cuenta de los importadores.
La idea de este procedimiento es prevenir cualquier tipo de contagio, pero, principalmente, acabar con el miedo que la gente le tenía a la ropa usada.
Fardo tiene distintos proveedores a lo largo de todo el país del norte, que trabajan exclusivamente para abastecerlos.
Estas procesadoras mandan los fardos listos para ser vendidos al por mayor. Por eso, la mercadería que trae la importadora es distinta de la que se compra para las 57 tiendas de la compañía.
Aler también dice tener una oferta variada. Puede traer pacas -22 mil kilos de donaciones en su estado original- y venderlas sin una selección previa, o separar todo el contenido en fardos por categoría ya que su negocio está enfocado sólo a las ventas al por mayor.
Ropa XL y de marca buscan los chilenos
Los importadores son celosos a la hora de revelar qué es exactamente lo que los chilenos buscan en materia de ropa reciclada.
Pero para el mercado nacional, uno de los criterios que priman, además de la calidad, es la marca. Nautica, Tommy Hilfiger, Levi"s, Gap, Abercrombie & Finch y Polo Sport son las etiquetas preferidas, y las prendas pueden hasta triplicar su valor si las llevan.
Otro ítem importante es la talla. Porque, según estos empresarios, las chilenas no son tan flacas como creen en las grandes tiendas, y ante la escasa alternativa de diseño en tamaño grande, las "gorditas" satisfacen su demanda con prendas exclusivas, pero usadas.
Respecto a los zapatos, los empresarios no tienen problemas con la numeración. Porque las sandalias y calzados grandes que vienen en las pacas originales y que no pueden vender en el territorio nacional, las mandan directamente al insular. Erica Riquelme cuenta que en Isla de Pascua, las mujeres calzan hasta N° 43; por tanto, consigue vender todo su stock .
La ropa de invierno también es apetecida por los comerciantes, y eso hace al mercado chileno tan atractivo para las exportadoras. Porque como nuestra temporada de frío es más larga, pueden vender acá lo que no es apetecido por otros países latinoamericanos más cercanos al Ecuador, o naciones de África. Así, fardos de ropa de polar y parcas se van en buses y se reparten en las islas de Chiloé.

